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Hay pastillas para el dolor de cabeza y de panza. Hay pastillas para los que duermen mucho, y para los que no pueden conciliar el suelo. Hay pastillas para no vomitar, para no quedar embarazada. Hay pastillas para el resfrío y el dolor de garganta. Hay pastillas para alucinar y morir. Pero no existen pastillas para el dolor del alma.
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